Son pasos, pasos en la tierra húmeda, son huellas de un halo gris.
Son caminos que vuelven a ser recorridos, que no quieren serlo.
Pasos perdidos de toda razón y lógica... pasos heridos.
Sangre y lágrimas.
Acaso te hallas perdido allí alguna vez... acaso sepas que
es un camino tan lleno de espinas como de luz...
Acaso tu corazón te haya guiado, cuando la mente se empeña en olvidar.
Acaso... reconozcas el salitre del camino,
rastros de una tormenta que no brota sino de mis ojos...
Los mismos que alguna vez admiraron en silencio,
que dijeron mil palabras sin ser dichas...
los mismos que ahora anhelan tu presencia, a la par
de cada rincón de mi ser...
Porque este recuerdo es mi camino y ahora es mi muerte,
pues de tanto recorres este sendero no me quedan ya fuerzas,
no me queda sino el abrazo helado del olvido,
un deseo muerto en la garganta, una palabra
pecado, que no debe ser dicha.
¡Sí, pecadora, hereje,
a la hoguera, a la tortura!
Pues ninguna muerte es tan terrible,
como vagar eternamente en el recuerdo,
falta de razón, plena de locura.


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